Traslado de Imagen de Ntra.
Sra. De los Dolores
Nuestra Señora acompaña el sufrimiento
de su Hijo. De pie. Frente a la cruz.
“Pues cuando la Virgen
tuvo en sus brazos ¿qué lengua podrá
explicar lo que sintió? Ángeles de paz,
llorad con esta Sagrada Virgen; llorad cielos; llorad
estrellas del cielo, todas las criaturas del mundo
acompañad el llanto de María! Se abraza
la madre con el cuerpo de su Hijo, lo toma (para sólo
esto le quedaban fuerzas), junta rostro con rostro,
se tiñe la cara de la Santísima Madre
con la sangre del Hijo y se riega la del Hijo con
las lágrimas de la Madre, Dulce Madre! Lloraban
aquellas santas mujeres, aquellos nobles varones;
lloraba el cielo y la tierra, y todas las criaturas
acompañaban las lágrimas de la Virgen.
Lloraba Juan...” (San Pedro de Alcántara,
texto de medit.)
La Virgen se ha solidarizado con el
dolor humano; simbolizado en su luto, en su pañuelo,
en sus lágrimas y en sus siete espadas. Con el
dolor de un Dios que se hace hombre para mostrarnos
que es el Padre de todos.
Ubicada actualmente la Imagen en el
fondo de nuestra Catedral (luego de haber permanecido
en otros espacios), en un lugar apartado, lleno de recogimiento
y muy apto para la oración personal y silenciosa,
signo de “la soledad” contemplativa que
María ha transcurrido en la ausencia de su Hijo.
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