El
templo catedralicio posee un valor religioso y eclesial
que se remonta a los orígenes del cristianismo.
La Catedral aloja la sede o cátedra del obispo
de la cual toma su nombre y significado. Desde allí
ejerce su función de maestro, sacerdote y pastor
de la Iglesia local instruyendo a los fieles, reuniéndolos
para celebrar los Sagrados Misterios y dispensando la
caridad pastoral como vicario de Cristo. Su Santidad
Paulo VI afirmó al respecto: “ la Catedral,
en la majestad de sus estructuras arquitectónicas,
es figura del templo espiritual que se edifica interiormente
en las almas y que resplandece con la magnificencia
de la gracia divina”.
La Catedral
de La Plata, obra del Ing. Pedro Benoit, es un templo
de estilo neogótico, en forma de cruz latina
constituida por cinco naves, una principal y dos secundarias
a cada lado y un majestuoso ábside, colocándose
su piedra fundamental el 30 de Abril de 1884.
Tuvo su impulso constructivo a partir de 1898 y más
renovado desde 1913, cuando el constructor italiano
José Valli ganó la licitación y
comenzó las tareas de ejecución, junto
a sus dos hijos.
Las dudas
sobre la magnitud del asentamiento de las torres faltantes
y la inexistencia de tecnología para la realización
de estudios previos llevó a la paralización
de las obras a los 42 m de altura en 1932. El 19 de
Noviembre de ese mismo año se inauguró
el Templo con un solemne Tedeum y una Primera Misa.
Las obras de la Catedral para esta fecha no estaban
totalmente concluidas (faltaban por ejemplo el piso
granito concluso en 1942 y el conjunto de los vitrales).
El mismo día (fiesta de San Ponciano, Patrono)
celebraba la Ciudad sus cincuenta años de existencia.
Siguiendo
la tradición medieval, las grandes ventanas debían
contar con vitrales y para ello, se solicitaron las
piezas a fábricas de Alemania y Francia. La calidad
de la obra y la belleza de las imágenes de la
Eucaristía, la Ultima Cena y algunos pasajes
de la vida de María dan cuenta de ello. En 1937
se colocan los dos vitrales alemanes facturados en la
Casa F. X. Zettler de Munich, ambos funcionan como retablo
detrás de los altares menores; en 1947, comenta
una noticia del diario La Nación del 27 de Julio:
“ Por fin han llegado de Francia los primeros
vitraux y han sido colocados ya en su sitio. Dos talleres
de fama mundial cooperarán en esta obra: los
de Lorin y Maumejean. Las vidrieras ubicadas son en
número de ocho.
Contienen
las escenas del Antiguo Testamento: 216 escenas. A medida
que avanza hacia el Santuario, el visitante ve desarrollarse
a su derecha y a su izquierda la historia religiosa
del Universo, desde la Creación hasta los tiempos
que precedieron inmediatamente la venida del Redentor”
(...) “Pronto serán colocadas las vidrieras
del deambulatorio, vecinas del Santuario y (...) consagradas
al Nuevo Testamento...”
En 1958
llegaron 27 vitrales procedentes de Francia, pertenecientes
a la Casa Lorin de Chartres, que fueron ubicados en
el deambulatorio y claristorio, con iconografía
del Nuevo Testamento.
A los
tesoros del Templo se suman obras en madera como la
sillería del coro de canónigos, el Trono
Arzobispal y los confesionarios (1936).
Presiden la Catedral dos grandes tallas de indiscutible
belleza: El Cristo Crucificado en una sola pieza de
guatambú y la Inmaculada Concepción realizada
en cedro, obras del artista tirolés Leo Moroder.
No podemos
dejar de mencionar la presencia de la beata platense
Sor maría Ludovica cuyas reliquias han sido trasladadas
a nuestro Templo Mayor en el año 2004. |